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En el aire, todos juntos Riverdance dará shows durante más de una semana.
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August 21, 2012on

Riverdance: Embajadores de la cultura irlandesa

20.08.2012 |  Por Juan José Santillán
www.clarin.com

En el aire, todos juntos Riverdance dará shows durante más de una semana.

DANZA
La compañía estrena mañana, en el Gran Rex, su espectáculo, que incluye a una bailaora andaluza. Un enviado de Clarín lo vio en Brasil y cuenta cómo es la versión teatral de un fenómeno que arrancó en la TV en 1994.

El Via Funchal de San Pablo es un teatro para seis mil espectadores en el corazón de un barrio de edificios terribles, modernos, espejados, muy adecuados para el business y otras sofisticadas maniobras del mercado. Para Riverdance el espacio dispuso una serie de mesas donde el espectador comparte la velada con extraños. A lo Café Concert, pero en versión recontra XXL. Se come y bebe a discreción y mientras los europeos, de columna vertebral de acero y menisco de hule, repiquetean sus zapatos sobre el escenario traído especialmente desde Dublín, y en el lenguaje abstracto de la danza nos cuentan el ciclo de la vida y la historia de Irlanda, por la sala vuelan bocados de bacalao, camarones, papas y baldes de hielo recargadas por botellas de Malbec, Chardonnay y latitas de cervezas.

El espectador paulista disfruta del show y cuando se cansa de tanto zapateo irish simplemente se hidrata generosamente y hace sociales: “Hola, soy Julio y ella es mi mujer. Si vamos a compartir la mesa, mejor conocerse”, dice el compañero comensal y da la mano. Extraordinaria y tranquila contención tiene este público para el espectáculo de la compañía que por primera vez visita Sudamérica en sus 17 años de trayectoria. Lamentablemente, en Buenos Aires esta situación culinaria no se va a repetir.

“Somos embajadores de la cultura irlandesa”, define Julian Erskine, productor multiterreno que diagramó la versión teatral de Riverdance , un show singular tanto por su dinámica como por su origen. Surgió en 1994 como desprendimiento de un concurso televisivo de baile y canto, en Dublín, que incluía un amplio muestrario de la cultura irlandesa y de sus tradiciones. Mientras los jurados deliberaban los puntajes de los concursantes, se realizaban coreografías. La más importante fue una titulada “Riverdance” y duraba alrededor de siete minutos. Fue tal el éxito que Riverdance se transformó en un espectáculo de dos horas.

“Antes de entrar a la compañía fui iluminador y productor -cuenta Erskine-, me convocaron para que defina la versión teatral de una propuesta que originalmente fue pensada para la televisión. Entre los dos formatos existen varias diferencias. Por empezar, en la tele todo se realiza una vez, con la mayor precisión posible, se graba y no tenés que volver a realizarlo. Es algo instantáneo. En el teatro, en cambio, hacés funciones varias veces por semana, y cada una de ellas debe ser fantástica. La exigencia es muy alta para toda la compañía, desde el diseño de vestuario, el trabajo de los fisioterapeutas y de los técnicos, hasta, indudablemente, los veintinueve bailarines y los cuatro músicos”.

El show está dividido en dos actos, el primero tiene nueve cuadros; el segundo, diez. Narrativamente se viaja desde el origen del hombre, según la cosmovisión celta, hasta su lugar en la modernidad. Esto incluye la migración de los irlandeses a los Estados Unidos, uno de los puntos claves de Riverdance . Actualmente hay tres compañías por el mundo: una por Sudamérica, otra por los Estados Unidos y la última por Europa. En total han recorrido 450 ciudades.

“Estados Unidos es el país con el cual, desde lo cultural, tenemos más puntos de contacto por la inmigración irlandesa -sigue Erskine-, creo que tenemos más llegada con ellos que con los europeos. Por otro lado, actualmente vivimos en Irlanda un fenómeno interesante: la vuelta de una generación de jóvenes a la patria que dejaron sus abuelos. Y esto también lo reflejamos en el escenario”.

Si algo define a Riverdance desde los primeros minutos es la precisión de sus coreografías. La escenografía es fija, solamente una gran puerta con escaleras por donde descienden los bailarines, con el cuarteto de músicos (dos vientos, un violinista y un percusionista) a los lados. Por lo cual, la atención recae íntegramente sobre esos bailarines cuya calidad de movimientos está desdoblada: hacia tierra, en las extremidades inferiores, despliegan toda la destreza de sus pasos; de la cintura hacia arriba la expresión es rígida, prácticamente amputada.

Riverdance conjuga danza irlandesa y otras formas que nos son familiares como el flamenco o el tap -explica la coreógrafa Niamh O’Connor, una de las fundadoras de la compañía. Es una danza de alto impacto, de mucho vigor y velocidad. Además, una condición que deben tener los integrantes de nuestra compañía es el canto”.

Dentro del universo celta que domina la propuesta hay dos excepciones: dos bailarines estadounidenses de tap que realizan un duelo con los irlandeses; y la andaluza Marita Martínez Rey, quien tiene un solo de flamenco.

“Soy la única española -dice-. Finalmente, tenemos un diálogo en el ritmo, las raíces de mi danza tiene puntos de contacto con la irlandesa: en el taconeo y en nuestra pasión.”

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